Éstos párrafos no serán apetitivos para muchos de los lectores que no tengan el paladar entrenado para degustar los sabores que resultan de los ingredientes con los que se componen. Por tanto, han de saber que ésta sopa de palabras ya ha sido servida ante profesionales que saben, o deberían saber, atender a la receta y realizar las intervenciones oportunas.
Cuenta la leyenda que un joven que no sabía cómo combatir la vida se movía como hoja caduca por el viento allá donde éste, la vida, le fuese llevando. Esa hoja que ya en su niñez quería serlo todo, hasta que con once años pensó que quizá podría ser médico, neurólogo concretamente. Hasta que una ventisca la removió y pensó que tal vez podría ser psicólogo. Hasta que un vendaval lo arrasó todo, dejando a esa hoja seca sola en el desierto, entonces pensó que podría dedicarse a la tecnología, así podría estar cerca del mundo, o al menos en contacto, desde la seguridad y distancia de un circuito electrónico. Hasta que un día esa hoja fue llevada hasta un instituto de formación profesional donde encontró su verdadero florecer. Quería ser profesor y compartir sus experiencias con las demás, eso era lo que más le nutría, lo que hacía que no se sintiese tan seca y arrancada. Y pasó los siguientes años intentando volar, a veces a contraviento, para llegar a alcanzar su destino.
Pero entonces entendió que sola no podía, que necesitaba ser árbol, para así tener otras hojas a las que enseñar a volar. Se sentía tan sola que se aferró a ese tronco llamado trabajo, porque cuanto éste se soltaba y quedaba sola, se sentía más seca y rota que nunca. Entonces ese árbol desapareció y la hoja no pudo aferrarse a nada.
Tiempo después, la hoja perdida y sola se reencontró con otra hoja, su madre, y pasaban el día juntas, desayunaban juntas, compraban juntas, paseaban juntas, comían, descansaban, cenaban juntas. Nuestra hoja protagonista ya no se sentía sola, y a pesar de seguir rota por la caducidad de la vida, aún tenía colores vivos. Hasta que su compañera se secó, se crujió en mil pedazos y desapareció. Dejando a nuestra protagonista en el mayor y peor de los remolinos que jamás haya sufrido, secándola y agrietándola y haciéndole perder su intensidad hasta acabar en el suelo pisoteada y diminuta.
¿Y eso que tiene que ver con el título? Te preguntarás. "¿Acaso alguien le preguntó a la hoja lo que sentía? o solo se limitaban a observar su color, su textura, su emplazamiento, su integridad física.", te devuelvo.
En psicología he estudiado los diferentes tipos de diagnóstico que podemos hacer para valorar (y/o evaluar) a las personas desde diferentes perspectivas para así obtener información completa y poder ayudar con rigor y criterio.
Te las resumo brevemente para que puedas entender lo que vendrá después.
El diagnóstico etiológico nos ofrece información de las causas de origen biológico o psicosocial del trastorno o el síndrome. En ocasiones, hay determinadas condiciones en los que no podemos tener la certeza absoluta para confirmar un diagnóstico etiológico, pero servirá para establecer un diagnóstico de presunción.
El diagnóstico categórico se elabora en función de una serie de síntomas o signos que sirven para definir una patología o condición.
El diagnóstico funcional combina los factores cuantitativos y cualitativos de una condición o trastorno que nos sirven como punto de partida activo hacia la intervención. Ofrece información significativa para comprender a la persona que tenemos delante, conocer cuáles son las limitaciones que pueden afectar a cómo se desenvuelve en la sociedad, desde la propia interacción social hacia toda la interacción en la cultura y sociedad. Solo desde este diagnóstico tenemos información como para elaborar objetivos y estrategias de intervención.
UNIR. (s.f.). Desarrollo Psicomotor, Cognitivo y Lingüistico. Tema 3. Evaluación y valoración de los trastornos del desarrollo psicomotor, cognitivo y lingüístico [Material docente]. Grado de Psicología. Universidad Internacional de La Rioja.
Llevo más de dos años sufriendo diferentes síntomas que empezaron con una ligera y aparente hipoacusia, pero que han evolucionado hasta convertirse en una más que probable neuropatía auditiva a la que se suman los resultados probados de una retinopatía. Desde el inicio de esta aventura fui a urgencias muchas veces, sin intervención ni petición de pruebas, hasta que los síntomas observables ya eran suficientes como para iniciar la investigación. Las pruebas que se me han realizado muestran indicios de afectación, en algunos casos muy claros y en otros presentes, pero leves o moderados, no concluyentes. Dos años y aún no me han puesto una etiqueta (categoría) ni tampoco hallado una explicación u origen (etiológico) a mi malestar. Dos años conviviendo con síntomas que me afectan a la vida diaria y me impiden la profesional. Aunque el INSS, al no tener un diagnóstico interpreta que no existe incapacidad suficiente.
Dos años en los que mi calidad de vida está tan baja como el final de esa hoja metafórica pisoteada y fragmentada. Dos años en los que he tenido forzosamente que cambiar mi vida en todos los aspectos. Sin madre, al cuidado de una peque de ahora tres años a la que gracias a su vocecilla aguda y griterío puedo medio entender cuando vocaliza correctamente y siempre que el entorno sea absolutamente silencioso, de hecho, me tengo que poner frente a ella a dos palmos de su rostro para poder comprender su discurso. Salgo a la calle y todo es ruido, las voces parecen desaparecer ante este jaleo incomprensible. Para la gente debo parecer un borde que no les responde, que les ignora, cuando la realidad es que no les puedo entender porque el ruido del ambiente prevalece muy por encima de su voz. Como si mi cerebro mal ecualizado hubiese aumentado esas frecuencias molestas y reducido al máximo las de la voz humana. Como cuando tomas una muestra de ruido en un programa de sonido para eliminarlo, pues al revés.
No puedo escuchar música, es ruido, tan solo puedo disfrutar en mi cabeza de aquellas canciones almacenadas previamente, recuerdos que se oyen lejanos e incompletos. Pero al menos me queda la memoria para disfrutar de algo de música, aunque sea así.
¿Creías que con la audición se había acabado todo? Para nada.
También siento más mareos de los habituales, una especie de "descarga eléctrica cerebral" ante estímulos de determinada frecuencia (imagina que has calibrando un micrófono para una persona que habla bajito, y de repente grita, el resultado sería una saturación del altavoz produciendo un molesto ruido, el "peak")
Y además de eso. Mayor facilidad para contraer gripe, alergia, sensibilidad en la piel... Problemas digestivos inespecíficos no explicados en pruebas diagnósticas realizadas, posiblemente consecuencia de la afectación a mi calidad de vida, y un aumento significativo de trastornos del estado de ánimo. Esto último merece más detalle.
Respecto a mis problemas digestivos, evitando ser escatológico, solo diré que si bien mi dieta es la misma siempre, el resultado de la digestión es demasiado dispar e inexplicable por sí solo. Ante los mismos alimentos a veces tengo dolores que son como puñaladas con una aguja de punto, otros un leve dolor como presión abdominal que dura unos segundos, otras hinchazón. Casi siempre me entra hipo cuando ingiero alimentos sólidos, lo cual es muy molesto, incómodo y un riesgo. Y en cuanto a deposiciones... Insisto que ante la misma alimentación, a veces es una vez al día, otras tres o más, con diversidad en consistencia, tono, facilidad de evacuación... En fin, una locura.
Sí, no he usado ese adjetivo a la ligera, ya que la única explicación lógica para ese desajuste digestivo debe ser su unión entérica con el sistema nervioso. Te lo resumo. El sistema digestivo y el sistema nervioso están íntimamente relacionados por el Sistema Nervioso Entérico: subdivisión del sistema nervioso autónomo; una red compleja y densa de neuronas que se encuentra en las paredes del tracto gastrointestinal, desde el esófago hasta el recto. También se le conoce como el eje intestino-cerebro y es el responsable de esas "mariposas en el estómago" ante emociones que no deberían tener respuesta física. Y por eso, trastornos mentales tienen consecuencias en la digestión y viceversa.
Uno puede experimentar ansiedad a través de su Sistema Nervioso Simpático, con un aumento del ritmo cardíaco, dificultad respiratoria, sudoración, etc. Pero puede que nada de eso ocurra, sobre todo a bajos niveles o si se ha habituado a ello, y sin embargo sí que experimente problemas digestivos. Como si la ansiedad necesitase pedir ayuda y al ver el sistema nervioso simpático ignorándola recurriese al entérico. Además, por esta misma razón no sería raro que mis otros problemas inmunológicos como la facilidad para la gripe, la alergia y los picores se debieran también a la conexión del sistema nervioso con el inmunológico.
¿Y de esto qué opinan los médicos? JA, están demasiado ocupados buscando un diagnóstico categórico-etiológico que nadie se ha preocupado por ayudarme a paliar los síntomas existentes con los que convivo mientras buscan al culpable. Salvo mi médico de familia, que desde sus limitaciones me ayuda todo cuanto puede.
Y llegamos a mi capítulo favorito: Salud Mental.
Si bien ya en la metáfora hablé precisamente de ello. Si bien en este Diario reaCtivo queda constancia de ello. La sociedad no termina de escuchar. Pero esta vez seré claro: "Sin mi madre, me siento solo". No digo que lo estoy, aunque en muchos momentos también. Pero es que incluso con la presencia de mis dos amigos, de mi hermana o de mi sobrinita, no logro quitarme la soledad de encima. Como esa hoja caduca que a veces te encuentras, recoges, observas, y vuelves a dejar. Porque el apego, que en psicología se define como: "un vínculo afectivo asimétrico. Es una relación emocional unidireccional que se establece entre la persona y su persona de referencia, cuyo objetivo es satisfacer sus necesidades." Y para lograr un apego seguro se necesita estar presente: "significa que se esté disponible para poner todo su ser, su atención y su conciencia cuando esté con la persona." Y no es de extrañar que el mío fuese y haya sido siempre mi madre, porque es el que se forja y cristaliza por defecto desde el útero. Mi madre era ese tallo que me conectaba con el resto del árbol. Su apego era el peciolo que nos unía, que me daba consistencia estructural. Y ahora soy una hoja sésil sin apego.
No te sientas culpable si estás leyendo esto. No es cosa tuya, el apego no se forja por insistencia ni por deseo. Es un vínculo que lleva tiempo. Y no, no vale cualquiera. Es la esencia por la que un bebé enojado solo se calma a los brazos de unas pocas figuras de apego, como la madre o la abuela. Es algo casi inconsciente. Un vínculo invisible que asegura una parte inalcanzable e ilocalizable de tu existencia. Y por eso me siento solo, porque no hay amigo, compañero, familiar en el mundo de los vivos que haya formado ese apego. Y por eso al personal de urgencias le dije que la única razón por la que la autopista que cruza mi antebrazo no es un túnel es porque yo sí soy, o lo parece, una de las figuras de apego de mi sobrinita, que ya perdió a su abuela que era otra. Y yo no puedo dejar sin peciolo a esa hojita por mucho que este tallo se tambaleé.
A todos los supuestos profesionales de la salud mental les digo lo mismo: "No me habéis diagnosticado depresión, pero siento una tristeza crónica que hace que como mínimo, una vez al mes piense (no acabo la frase por respeto a vosotros)". Siempre me intentan convencer de recetarme fármacos y yo siempre me niego con el mismo argumento: "Mi problema no es neuroquímico, es social. No puedo trabajar de lo que me apasiona, no tengo relación sentimental, no puedo permitirme la autonomía al no tener coche, ni carné, ni vivienda propia. Soy esclavo de la sociedad. Es la falta de libertad lo que me provoca la tristeza, no un desajuste de la serotonina". En un mundo utópico donde de verdad se garantizase el derecho a una vivienda, el acceso a la educación, a la promoción, a la felicidad yo no sería infeliz. Quizá seguiría sin novia, pero podría, como hasta mi baja, evadirme con un trabajo agradable y llegar a mi, mi, mi, mi, mi hogar donde descansar hasta el turno siguiente. Es la puta precariedad social actual la que me provoca el malestar y eso no se soluciona con una receta. Pero seguimos creando yonkis porque es más fácil que actuar sobre el problema desencadenante. Les es más factible tener zombies aceptablemente productivos en la cadena de montaje que acabar con esa fábrica de individuos manipulables.
¿Tal vez tenga distimia? Tal vez. Llevo tantos años con esa sensación de soledad, con esa sensación de incomprensión, de frustración, de soledad, de vacío, de fingir constantemente. Y cuando encuentro algo o alguien que me permite encontrarme a mí mismo, se acaba desvaneciendo porque es algo exógeno que tal como viene se va. La felicidad es un retiro breve y superficial, que no deja ni huella. No confío en los diagnósticos. Pero sé que lo que siento es un vacío que no se llena, o si lo hace, debe tener una rotunda fuga que lo vuelve a vaciar. Es cierto que no se puede ser feliz todo el rato, que tenemos democracia de emociones. Pero parece que, como pasa en nuestro parlamento, mientras todas se pelean, reina el caos.
"Las cadenas que nos atan a veces son más fuertes que las que podemos romper con nuestras manos." - Cicerón
¿Y qué podría hacerte feliz, aunque fuese momentáneamente? Se preguntarán.
Como ya dije a las psiquiatras cuya atención parecía estar más en el teclado del ordenador o en sus propios contraargumentos que en mí. "Sí, estudio psicología, me gusta, he sacado buenas notas y me hace feliz y me hace sentir realizado ayudar a mis compañeros para los que soy un crack. Me conecto siempre a los foros, les resuelvo las dudas antes que los profesores y me encanta indagar cuando ni yo mismo sé la respuesta. No estudio solo por saber si no por ayudar a los demás. Mi meta desde hace años es ser docente, puede que esta enfermedad no me deje serlo típicamente, pero me encanta compartir el conocimiento y ayudar a los demás, sea desde un foro, un chat, un comentario..." Hasta pedí a la universidad que me deje ser una especie de Docente Estudiante Colaborador, que me contrate como un estudiante avanzado que ayude a otros estudiantes y libere de carga a los profesores en tareas sencillas, un primer contacto con la función docente, pero no obtuve respuesta.
En resumen, que mientras los médicos buscan la causa de mi neuropatía y elaboran informes que contemplan los registros cuantitativos obtenidos de las pruebas diagnósticas y de la observación clínica, mi estado de salud general empeora más rápido y ampliamente de lo que avanza la medicina. Como consecuencia mi calidad de vida se ha reducido mucho más, muchísimo más, y si ya antes de esta condición médica la vida me parecía un camino abrupto, o, como describo en el relato inicial, una serie de vendavales, ventiscas y remolinos; ahora, en su conjunto, no encuentro palabra en mi memoria que sirva para describirlo. No puedo diagnosticar lo que es la vida para mí, porque la vida es más que una categoría, no se halla ningún término en el DSM-V ni en el CIE-10 que describa las posibles combinaciones que tan siquiera resuman todo el convivir de una vida.
No, no me han diagnosticado depresión, momentáneamente ansiedad, y aunque parece que la neuropatía auditiva y retinopatía están claras, parecen ser solo el diminutivo de un nombre aún desconocido. El problema es que ese nombre no define quién soy, ni cómo soy, ni cómo me siento, ni lo que valgo. Y en lugar de ir ayudándome con los síntomas, que es lo que me discapacita, incapacita, o, mejor dicho, limita en el día a día, siguen buscando qué nombre ponerle. Pues ojalá tengan más suerte que yo con el Euromillones, que es lo único a lo que puedo aferrarme porque al menos si me toca, podré pagarme la universidad que me entretiene felizmente, una vivienda propia donde me sienta libre, autónomo e independiente, pedir una pizza o un poke sin ver temblar la tarjeta, y acelerar a golpe de talonario las pruebas e intervenciones médicas que me ayuden a seguir sobreviviendo. Lo del apego y el amor seguiría igual de jodido, pero se llevaría mejor con lo otro resuelto.
¿Entonces? Pues con este texto te habrás quedado igual que yo al salir de una consulta. Mucha letra, y ninguna intervención que resuelva nada. Pero al menos me sirve a mí para que, quien quiera, sepa y pueda, entienda que aunque para algunos la vida "es la ola que surge del último suspiro de un segundo que le transporta mecido hasta el siguiente" para mí es más bien mucho peor que "galopar un camino empedrado de horas, minutos y segundos." Porque para los que os gusta encender el televisor nada más entrar en casa aunque la atención que le vayáis a prestar sea más bien residual, ya sabréis que la experiencia de la vida no es justa, ni equitativa. Una lotería donde igual naces en un pueblo tranquilo donde no ocurre ningún suceso drástico que perturbe tu plan, o por el contrario naces en una aldea sin recursos donde personas desconocidas con un chaleco te alimentan una vez por semana con un asqueroso sobre hecho de pasta de cacahuete, o todo parecía normal en su decadencia hasta que suena un estruendo y todo se llena de polvo y ruinas, o quizá creces en un chalet con piscina y jardín pero sin figuras de apego. Da igual como se cree, torne y derive la vida; cualquier escenario puede ser perturbador para quien lo vive independientemente del que sea. Son únicos e incomparables desde el punto de vista psicológico. Porque por esa reducción al absurdo nos volveríamos absurdos, más aún. La realidad es la creación cognitiva basada en la interpretación de señales perceptuales de las vías sensitivas de las que cada uno dispone. No hay una realidad única. Por tanto, cada uno es esclavo de sus circunstancias.
"El hombre ha nacido libre, y sin embargo, por todas partes se encuentra encadenado." - Jean-Jacques Rousseau
Porque si fuéramos piedras, inertes, sin sentimientos ni emociones, no habría sufrimiento alguno, pero buscamos la felicidad en mil sitios y a veces, no reside lo suficiente en ninguno como para asentarse.
"Nos convertimos en esclavos de nuestras propias pasiones, deseos y miedos." - Epicteto
Es por esto que cuando las psiquiatras me preguntan obtienen esta respuesta: "Yo no le temo a la muerte, yo le temo a esta vida que me golpea, y que aunque tiene cosas buenas, esos golpes no me permiten disfrutar de esas cosas, y es más pesado el dolor que la alegría, conduciendo al sufrimiento"
Y si bien, como persona cognitivamente consciente, estudiante de psicología y de las ciencias de la salud, no puedo defender ni aceptar como solución la abrupta y deliberada interrupción a la propia vida, es una eterna reflexión.
"Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de su actitud ante cualquier conjunto de circunstancias, la elección de su propio camino." - Viktor Frankl
Y si entendemos el propio camino como la última de las libertades, tendríamos que, al menos, pensar que...
"No hay más que una libertad: la de renunciar a todo." - Albert Camus
¡Enhorabuena! Ya no tienes que leer ni digerir mucho más. Pero quiero dejar claro que este es el final de este pasaje textual, no de mi vida (por desgracia) que continua como siempre. Emocionalmente inestable, solitaria, altamente depresiva y neuropáticamente sin terminar de diagnosticar.
Sí, en función de cuando decida publicar o leas esto mi cuerpo físico estará en uno y otro lugar, y mi mente allá donde ella decida encerrada en el mismo cráneo de siempre aunque cada vez con menos vello y más tumores benignos en su superficie. Vamos, que seguramente estés dándole vueltas al coco sin extraer ningún jugo, porque no puedes. Este zumo agrio es mío y solo mío, y no hay ingrediente que puedas añadir para edulcorarlo.
Prometo escribir algo pronto para no afectar en demasía a tu correcta digestión ni sobreactivar tu sistema nervioso simpático. No puedo decir que "estoy bien", ni "vivo" en el sentido coloquial de la palabra. Pero biológicamente sigo así. Además que solo han emitido cuatro capítulos de "Miércoles" (benditos subtítulos) y tengo que esperar, al menos, hasta que estrenen los cuatro restantes en septiembre jajajaja Sí, me casaría con esa gótica creación literaria si pudiera y fuera consentido, obvio. Pero incluso aún habiendo encontrado cierto grado de equivalencia en la realidad, no pudo ser. Así que mejor dejemos el amor para la ficción y desistamos la búsqueda en la realidad, que será mejor para mantener estable la salud.
.hasta cuando me dé por escribiR