El último tramo

2025 08 6

A veces la vida se te complica más de lo esperado en el último tramo. Caminas los primeros kilómetros bajo algo de lluvia, un poco de sol, algo de viento, subes esas cuestas que te endurecen los muslos y disfrutas del verde que te rodea desde la cima. Entonces ese esfuerzo ha valido la pena. Porque ya sabías que el camino no iba a ser fácil, pero llegas a la siguiente etapa y te tomas un merecido descanso.

Pero tras llegar al inicio del comienzo de la última etapa, no hace más que llover intensamente. Las nubes cubren el cielo de gris, el verde se vuelve menos intenso y el aire arrastra la fría agua que cae sin cesar. Y el consenso parece claro, atajar. Renunciar a la experiencia de la naturaleza y emplear aquel carro de hierro para sortear la mala fortuna.

Pero hay huracanes que no llevan agua, vendavales invisibles que empujan a caer, hongos y parásitos bien aferrados, médicos que olvidaron su juramento hipocrático al fondo de algún cajón de su despacho de funcionario.

El meteorólogo ha dicho que no llueve, pero hay tormenta. Se equivoca. Y el resultado es la pérdida.

¿Qué sabrá de la realidad un organismo plantado en un despacho al que siempre le llega sol y riego?

¿Qué sabrán lo que es cultivar y desesperar hambriento aquellos que viven de esquejes?

Entonces, en pleno desierto, hay que volverse frío para sobrevivir. Hay que sacar las espinas y llenarse de agua, convertirse en cactus. Y no temer pinchar a todo aquel que quiera aprovecharse de ti.

Hay atajos que privan de disfrutar un camino devastado por la propia naturaleza desafortunada, pero cuando lo que importa es el fin, lo de en medio está mejor justificado que estos párrafos.

Porque estudio psicología para salvarme a mí mismo, o eso espero.

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