Mañana tengo psicóloga, y para ser sincero, no quiero ir. Ni siquiera sé para qué voy. Pero ella insistió en darme cita hace dos meses así que iré para ponerle al día. No podrá arreglar nada, y dudo que tenga algo que sostener. La vida tiene mucho sentido, lo que no tiene sentido es vivirla así. Así que no hablaremos del suicidio, pero sí de la muerte.
Hace dos meses tuve consulta con el neurólogo, y no tenía resultados, me despachó en diez minutos. Me sentí vacío y pesado, como uno de esos contenedores del puerto. Insistí en que mi situación es vulnerable, pero no hizo más que decir "lo sé", como si eso fuera a arreglar algo. Esa vez ni siquiera pude llorar, no me quedaban ni lágrimas, ni nada que sentir. Solo un vacío pesado.
Esa misma semana tuve que tirar una docena de plátanos que se habían puesto malos y eran un criadero de bichos con olor a vinagre. Para mí no era tirar fruta en mal estado, era tirar dinero gastado en una comida necesaria que ya no iba a comer. Era la decepción de no haber sabido cuidar el alimento, la frustración de que nada salía bien. Y, de nuevo, las ganas de practicar la cirugía.
Hace dos meses también fui a ver a mi sobrina al teatro para su actuación de baile. Había mucha cola, mucho calor, muchos estímulos. Y fue la primera vez que experimenté un shutdown de esa manera. Me dormí de pie. Me desconecté como un robot. Durante unos segundos todo se apagó, literalmente. No sabía que eso podía pasar.
Dos días después abro la aplicación del INSS y recibo una denegación sin compasión en la que se me deniega la IT que me estaba firmando el médico durante todos esos seis meses desde que me despidieron ya estando de baja. El INSS se negaba a pagar nada, porque según ellos no merecía estar de baja. Les daba igual el informe de ansiedad y depresión, el autismo, el despido por ineptitud sobrevenida y el agravamiento de mi patología. No les valgo como gasto. Así se deben sentir los que no tienen seguro en USA cuando acuden a urgencias. Ningún abogado quiere defender el caso, y para una que quiso, lo abandonó poco después tras un incidente en la comunicación. No me arrepiento. Supongo que estaba claro que no iba a ganar al INSS y era mejor no luchar. Pero no puedo pedir el paro porque el INSS me tuvo esperando seis meses y el paro se debe pedir en dos semanas tras el despido. Así que pese a haber cotizado me quedo sin prestaciones sociales por esa violencia institucional. Tras llorar, y no poco, acudo a LinkedIn e Infojobs a solicitar todo lo que encuentro cerca de casa. Han pasado varias semanas y todas las respuestas han sido negativas. En lo que tenía experiencia, no puedo trabajar. Y en lo que no, parece que tampoco.
Lo bueno es que no he tenido que tirar comida desde entonces, aprendí que la nevera es una aliada increíble. Y tuve que cambiar algunas cosas para minimizar el impacto en los ahorros. Logré con esfuerzo bajar de esos molestos 71Kg de marzo a mis actuales 59kg saludables. No estoy fibrado porque no puedo hacer ejercicio de intensidad, solo de mantenimiento. Así que aún no tengo el cuerpo que me gustaría, pero me siento mejor.
Pero sí, mañana tengo consulta con la psicóloga y no solo le diré estas cosas, también que he realizado cálculos y mis 8.000€ ahorrados no van a aguantar hasta que pueda lograr, si es que logro, que el INSS me conceda una prestación. Solo el próximo cuatrimestre de la universidad me costará tres mil cuatrocientos veinte euros. Porque pese a mis sobresalientes calificaciones no obtuve ninguna matricula de honor. Es mucho dinero por un título que no voy a poder ejercer. Pero no puedo renunciar a ello. Es lo único que me mantiene ocupado, que me mantiene activo mentalmente, que me ayuda a conectar con el mundo. Las clases, la interacción con los compañeros y profesores, las actividades, los exámenes... Me dan algo por lo que seguir. Pero terminar el grado sin el descuento para discapacitados serán más de ocho mil euros, es decir, que solo en comida ya se irá suficiente y eso se traduce en que no habrá forma de pagar la universidad. Podría ahorrar un 30%, pero llevo dos años esperando desde que solicité la discapacidad y aún nadie me contactó.
Llevo días con insomnio, justo todo lo contrario a las semanas previas en que dormía hasta doce horas o más, y ahora no concilio el sueño y si me duermo, a eso de las tres o cinco, me despierto sobre las nueve. De nada sirve dejar la mente en blanco, mi cuerpo sabe lo que enfrenta, y el calor no ayuda tampoco, como tampoco esos leves dolores de cabeza.
Así que no pienso en el fin abrupto, ni de coña, eso no haría justicia. Pero sí pienso en el coma, en el paréntesis que me haga permanecer desconectado y tranquilo hasta que alguien me despierte cuando todo esté resuelto. Hay gente débil que se intenta anestesiar con etanol, tabaco u otras drogas que destrozan su cuerpo y mente. Yo soy más partidario del propofol. Pero no le inducen a uno un coma por violencia administrativa, y si de la administración dependiera ya sabemos el resultado.
Llevo toda la vida sufriendo, pero mi madre estuvo ahí. Hace dos años que no está, que no pudo. Y cada día me pesa más su ausencia. Porque con ella estaba a salvo aunque el mundo se viniera abajo. Podía respirar en su pecho, ese pecho que dejó de poder hacerlo. Podría tener a alguien que me despertara para desayunar, con la que comer, con la que cenar, con la que disfrutar de las series y contarle lo apasionado que estoy con mis nuevos estudios. Con mi madre viva tendría un respaldo en todos los sentidos. Así que me siento como ese contenedor vacío que cae al mar, cerrado, conteniendo el aire, tratando de que la presión no lo desborde para que no colapse y se inunde.
Siempre lo dije y nunca tuvo más sentido: "no temo la muerte, sino la vida". Porque mi madre ya no sufre, aunque tampoco disfruta. Y sin embargo yo no paro de sufrir, y lo de disfrutar... Acarrea un coste que no puedo pagar. El coste de la mera existencia.
Y llevo todas las vacaciones viendo series estadounidenses de médicos y he comprendido que soy profundamente anticapitalista. Y que jamás podría ser médico. Porque dejaría morir al pobre que no tiene nada salvo la muerte, y, desde luego, por supuesto, dejaría morir al rico ahogado en su ego avaro y codicioso. Es mi interpretación de Hipócrates: "No hacer daño". Si salvo al pobre lo envío de nuevo al sufrimiento, si salvo al rico hago sufrir al resto del mundo. No se puede vivir en desequilibrio. Caes. Obviamente es una metáfora reflexiva. Obvio que salvaría al pobre, obvio que salvaría después al rico. Obvio que no le preguntaría a ninguno.
"Si empatamos ganamos los dos", dijo mi sobrina sabia e inocente. ¡Qué saludable sería el mundo así!
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